Valores de la vocación cisterciense

"SER MONJE" -CUESTIONES- CAPITULO PRIMERO: ¿Qué es ser monje?

Los verdaderos monjes son aquellos que han alcanzado su unidad interior con Dios.

En el código de derecho canónico no existe ninguna definición del monje, aun cuando dedica a los monjes seis cánones, tan solo se contenta con citar una frase del concilio Vaticano II: “El oficio principal del monje es el humilde y noble servicio a La Majestad Divina en el recinto del monasterio”. El canon precedente declara: “Se dice instituto monástico a un instituto religioso cuyos miembros viven la conversión de costumbres, según las propias tradiciones del instituto, sea vida de anacoreta, sea vida cenobítica, en la alabanza a Dios y al trabajo, para buscar solo a Dios y Su Reino, por la contemplación de las cosas divinas y la caridad apostólica”. (Dada la fecha de aparición del presente estudio, el autor no pudo utilizar el código de derecho canónico, elaborado a raíz del Vaticano II, que aparecería un año mas tarde).

La vida monástica es en cierta manera, indefinible, porque es un espíritu más que una letra.

Esta es una etiqueta jurídica que no conserva más que un cierto sentido a través del enraizamiento más o menos solido en una tradición histórica. Con ocasión del congreso de abades benedictinos de 1977 el nuevo Abad Viktor Dammert declaraba: “Es imposible dar una definición jurídica del monje; todo límite corre el riesgo de ser arbitrario”.

Monje es aquel que está unificado o mas bien que tiene la unidad interior, que reducido en él la dualidad en la unidad. Puede verse que la palabra “monachos” de donde procede la palabra monje, significa unas veces solitario, aislado, otras, simple, unificado, parecido a Dios, pureza de corazón.

Dentro de la tradición cristiana las palabras monachos o monachus designan al que vive solo (ermitaño), al que no está casado (célibe), al que vive en unidad con otros (cenobita), al que está unificado (el simple).

San Basilio evita deliberadamente utilizar toda terminología que pudiera llamarse específicamente monástica, para no hacer del monacato un movimiento marginal y sectario, reservado a los más perfectos, por lo que se esfuerza en concebir y expresar su ideal en términos sacados del Evangelio.

Monje es aquel que está unificado. Nadie podrá experimentar una verdadera unión con su prójimo sino está unificado consigo mismo.

Según Orígenes “La Apatheia” restituye al hombre la unidad perdida y le hace semejante al Dios Uno.

¿De que manera se realiza el monje? En primer lugar se llama así porque no se casa y renuncia al mundo exterior é interiormente; esto es, exteriormente en las cosas materiales y a los asuntos del mundo; interiormente, a los pensamientos con ellos relacionados, sin admitir preocupaciones mundanas. En segundo lugar, se llama monje (monazón) para invocar a Dios en una incesante plegaria, a fin de que le purifique el espíritu de la multiplicidad de los pensamientos que le estorban, de manera que, al margen (de todo), este espíritu solitario pueda vacar solamente en Dios, sin jamás aceptar las sugestiones del mal, sino guardar siempre la pureza requerida y permanecer limpio en su orientación hacia Dios.

Es necesario que el monje esté efectivamente armonizado con su nombre y sea monje exterior e interiormente, que no haya en él nada, ningún otro sino él mismo y El que mora en él, Cristo, el cual no consiente en morar en él sino es El solo.

Es monje, el que tiene la mirada solo puesta en Dios, el deseo en Dios solo, la atención para Dios solo; el que queriendo servir a Dios solo se convierte en motivo de paz para los otros.

- CAPITULO SEGUNDO: ¿Qué es un monasterio?

Es el lugar donde viven los monjes. Quiénes entran en él, lo hacen con la intención de permanecer en el lugar para siempre, realizando por ello un voto de estabilidad en dicha comunidad. Los monjes aprenden a servir a Cristo por la obediencia, renunciando a su propia voluntad. Por la castidad física y espiritual para entregar su corazón solo a Dios y con la ayuda de la pobreza material y psíquica para poder vivir mas en libertad, sin las ataduras de las posesiones, sean del tipo que sean; y todo esto dentro de una comunidad de hermanos/as en donde se comparte todo con la alegría que da la confianza puesta en solo Dios y en sus promesas.

- CAPITULO TERCERO: ¿Qué es un Abba?

El significado de la palabra “Abba” es “Padre”, y dentro de la tradición monástica se le atribuía a la persona responsable de la vida espiritual y material en los monasterios de occidente.

El padre del monasterio ó como hoy se le llama “Abad”, debe tener a Cristo como modelo. Como Cristo y con ayuda de Cristo, el Abad debe buscar con los medios materiales y espirituales de que disponga la realización del ideal evangélico en el monasterio. Así actúe con autoridad y haga prevalecer ante todo la misericordia. El Abad por su función, está más próximo a lo carismático que a lo institucional. Participando el mismo del Espíritu Santo es como puede comunicar a los demás humildad, luz y fuerza, paz, alegría y amor.

- CAPITULO CUARTO: ¿Qué es un contemplativo?

Los caracteres:

Se trata aquí del temperamento, no de la institución.

1. El contemplativo tiene un espíritu de síntesis: proyecta sobre los acontecimientos, los hombres, las cosas, una mirada global que le permite verlos en sus verdaderas proporciones. La parte no le impide ver el todo.

No patalea ante una dificultad pasajera: la coloca en un contexto de gracia. Un obstáculo imprevisto, una tentación frecuente, un pecado ocasional no le paralizan, ni le obsesionan: son accidentes en el camino que no le desvían de su itinerario, ni le hacen olvidar la meta.

2. El contemplativo tiene un espíritu magnánimo; no solamente sabe perdonar, sino que no ve las mediocridades. Su preocupación por lo pequeño no le hacen mezquino, meticuloso, escrupuloso. Su humilde confianza en Dios le vuelve soberanamente libre.

3. El contemplativo tiene un espíritu longánime: es paciente en las dificultades y en las persecuciones, pero su resistencia no le hace duro.

Sabe que Dios tiene la última palabra y espera en consecuencia la hora de Dios sin inquietud ni impaciencia. Su prisa por llegar al final de la ruta no le hace quemar etapas. Soporta sin amarguras los retrasos y las demoras.

4. El contemplativo tiene sentido del humor: es decir, conoce por experiencia la relatividad de todo lo que no es Dios. No se toma en serio; sabe que la gracia da alegría al que la acoge; se adapta a las circunstancias con flexibilidad, pues sabe que la fidelidad a los acontecimientos es la sumisión a la voluntad de Dios.

5. El contemplativo tiene el sentido de la acción de gracias: sabe que nada le es debido, que todo es gracia; vive en la admiración de los designios de Dios, aunque no los comprenda con todo detalle; la generosidad de Dios y sus atenciones le colman de paz.

La edad:

Las edades mas favorables para la contemplación se encuentran por lo general hasta los 7 años de edad y a partir de los 50, 60 o 70 años, entre estas dos edades, las exigencias de la vida no disponen apenas a la contemplación y a menudo incluso desvían.

El ritmo de la vida impide tomar la debida distancia. La preocupación por la eficacia y el rendimiento aleja del ocio y acapara el espíritu forzándole sin descanso a hacer proyectos y prospectivas. La lucha por la vida en que se mezcla la violencia y el fraude, apremia al esfuerzo sin descanso, por lo tanto, sin humor, acumulando amargura de corazón y tristeza. La voluntad de poder constriñe a atribuirse a sí mismo y no a Dios el éxito de sus empresas.

La contemplación: proyecto y gracia:

No se nace contemplativo, se hace; no por la evolución de la voluntad, sino por una disposición a la gracia; es una voluntad de apertura.

El tener y saber estorban, para elevarse a Dios es preciso soltar todo lastre. Empezando por nuestros pensamientos.

Cristo nos dice: “Si no os hacéis como niños no podréis entrar en El Reino de los Cielos” (Mt 18,3).

 

Resumen de: “Ser monje”, autor: Pierre Miquel O.S.B. ediciones Monte Casino, Zamora 1992

 

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