Valores de la vocación cisterciense

"SER MONJE" -CUESTIONES-CAPITULO QUINTO: ¿cuáles son los criterios para una vocación monástica?

1. La búsqueda de Dios por encima de todas las cosas. “Hacer la voluntad de Dios y desearla”.

2. La Obra de Dios (Opus Dei), la liturgia de las horas expandida desde el corazón y vivida durante todo el día en acción de gracias y alabanza a Dios. “Servir a Dios”.

3. La obediencia y las humillaciones. Quién no sabe escuchar no sabe obedecer; el distraído, el hablador, el contestatario, no pueden llegar a ser verdadero monje. Quién no puede soportar las incomprensiones, las contrariedades, los imprevistos, en la paciencia, el silencio y la humildad, no está maduro para la vida monástica.

A través de la obediencia se renuncia a su yo personal para imitar a Cristo “manso y humilde de corazón”.

ATENCION: El ideal monástico suele desmoronarse bajo el peso de real. Cuando las ilusiones sobre Dios, sobre los otros y sobre sí mismo se han derrumbado, entonces es cuando se está en el umbral de la verdad monástica. Quién busca su promoción personal corre el peligro de no llegar nunca a su madurez espiritual. La flor que se complace a si misma no da fruto.

- CAPITULO SEXTO: ¿Cuáles son los principios del monacato?

La pertenencia a un grupo permite realizar con mayor facilidad la unidad interior.

No es monje quien quiere: no es el hombre quien decide buscar a Dios, es Dios quien le invita a buscar, y quien da la gracia. Si el hombre, por sola su voluntad, se entrega a la búsqueda de Dios, esa búsqueda será tensa y “pelagiana”.

Las fuerzas afectivas en el monasterio no son polarizadas hacia una persona en concreto, de forma única y exclusivista, sino reorientadas sobre toda persona, en una relación conscientemente sexuada, el sujeto encuentra no solamente el equilibrio sino la expansión.

El monacato es desde el principio de la tradición algo definitivo, aunque en nuestros días se haya planteado la posibilidad de temporal.

El vivir apartado del mundo y lejos de la publicidad exhibicionista es otro de los carismas de la vida monástica.

No se hace monje, se llega a ser monje, se es “recibido” en la vida monástica, o mejor, se recibe la vida monástica de otro, de un “Padre”.

El monacato es y se pretende ineficaz: solo la existencia de Dios justifica su existencia de adoración. Si Dios no existiese la vida del monje tampoco tendría sentido.

El monacato está orientado “hacia un más allá”, rehúsa dejarse disolver en el “Aquí abajo”.

- CAPITULO SEPTIMO: ¿Cuáles son los arquetipos monásticos?

La vida monástica cristiana está fundamentada sobre la imitación a Cristo. Un Cristo pobre, humilde, casto, obediente, silencioso, discreto, manso, pacifico, misericordioso.

La nostalgia de la comunidad primitiva según la descripción idílica que hace Lucas de la comunidad cristiana de Jerusalén, ha inspirado el modo de vida de los monasterios.

La vida monástica como preparación para el martirio. Los monjes a imitación de Cristo y como dice San Mateo en su Evangelio son invitados a ser crucificados a través de la renuncia cotidiana de si mismos. La paciencia y la fidelidad rigurosa con que los monjes perseveran fervorosamente en la profesión que un día abrazaron, como que nunca dan satisfacción a su voluntad, los convierte de continuo en crucificados para este mundo y mártires vivientes.

La vida monástica, combate contra los demonios. Los Egos que llevamos dentro de nosotros mismos y a los que alimentamos con nuestros vicios y malas costumbres. La lucha contra el mal con la ayuda de la Infinita Misericordia Divina.

La migración ascética y el éxodo espiritual. En el Antiguo Testamento se repite varias veces la exigencia por parte de Dios hacia el hombre de dejarlo rodo y marchar lejos de sus posesiones, como para liberarlo de las ataduras que producía su vida sedentaria, en dónde la confianza en Dios se veía afectada. Dios que llama, quiere apartar a su siervo a la intimidad con El

La imitación a la vida angélica. Así el monje ya en la Tierra, como habitante del Cielo se le llama = Célibe.

Dice Jesús: Los ángeles están viendo en El Cielo El Rostro de Mi Padre Celestial (Mt. 18,10). La mirada del Espíritu está fijada en Dios. Los ángeles alaban a Dios ininterrumpidamente. Los monjes intentan en la medida de lo posible liberarse de las exigencias del cuerpo para parecerse a los ángeles. Los ángeles viven en comunidad en una ejemplar concordia entre ellos. Están ordenados jerárquicamente. Son prontos a la obediencia. Los monjes a imitación de los ángeles deberían vivir como si no tuvieran cuerpo.

El monje como filósofo y buscador de la verdad. Intenta retornar a la vida Adámica antes del Pecado Original, en donde su privilegio era la contemplación. El monje debe intentar reconciliarse con el Cosmos por el amor puro y la inocencia de su corazón. Cuando Dios habita en un hombre y esposa en él, todos los seres le son sometidos como lo estaban a Adán antes de que hubiera traicionado A Dios y no solamente las bestias también los mismos elementos de la naturaleza.

La espera vigilante de la Parusía. El Evangelio invita frecuentemente a permanecer vigilantes, estar preparados para el regreso del Señor.

El taller espiritual. San Benito compara al monje con el artesano que modela un objeto. El monje modela su propia vida en el Crisol del monasterio, dejando transformarse y embellecerse por la gracia del Espíritu de Dios, EL Verdadero Artífice.

La Sabia Locura. La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios (1 Cor 3,19). La vida de los monjes en la medida en que realiza las Bienaventuranzas, es una vida de locos, instaura una nueva escala de valores que conduce, en cierto casos-límite, a gestos insólitos, a comportamientos extraños, a conductas insociables, a proyectos incongruentes, atrayendo el desprecio del mundo.

La renuncia del monje a formar una familia o a ejercer una profesión en el mundo, el hecho de someterse a un Abad y a la Regla de vida puede pasar por locura para muchos, pues se renuncia a todo lo que normalmente da a los hombres su dimensión adulta y su expansión personal de seres realizados.

El niño-anciano y el anciano-niño. He aquí la expresión de un ideal espiritual: a través de la debilidad del niño y del anciano se manifiesta la fuerza de Dios. Los que por La Gracia y puro corazón han alcanzado La Experiencia de Dios. Como dice Jesús en EL Evangelio: “si no volvéis a ser como niños no entrareis en el Reino de los Cielos” (Mt. 18,3).

 

Agregue su comentario

Tu Nombre:
Asunto:
Comentario:
  Imagen, conteniendo la palabra secreta
Palabra Secreta:

Monasterio Escalonias

Valores del Silencio

Cistercienses Primera Parte