Valores de la vocación cisterciense

"SER MONJE" -EJES- CAPITULO TERCERO: Vida monástica y salud mental

La Regla de San Benito invita al candidato a la vida monástica a una conversio. Esta palabra designa un cambio de estilo de vida y dirección, la elección de una nueva manera de ser. Lo que psicológicamente hablando puede significar para el hombre una “Sacudida”.

1. Conversio. La decisión de responder a una vocación monástica puede provocar en el sujeto una turbación pasajera o persistente. Toda conversión aún “suave”, tiene como origen o como consecuencia, un cierto traumatismo psicológico que puede tener una repercusión incluso hasta física. Aún cuando no haya consecuencias psicosomáticas el hombre queda más receptivo y sensible, con frecuencia herido y vulnerable, tanto para las tentaciones como para “La Gracia”.

2. El esquizofrénico, inadaptado o real, para quien el claustro representa una seguridad y un refugio, pero también una atmósfera favorable al repliegue sobre sí, el autismo.

3. El paranoico, inadaptado social él también, que busca su valorización mediante la entrega apasionada a un ideal, la hipertrofia de su yo que cultiva con predilección, el deseo de reforma acompañado de desconfianza, de susceptibilidad y de manía persecutoria.

4. El pseudo-místico, que confunde sus sueños sentimentales con una llamada espiritual y cuya afectividad desordenada se cree en comunicación privilegiada con Dios. Una vida separada del mundo y un ambiente de piedad pueden ser caldo de cultivo favorable a ala eclosión o a la exaltación de tales temperamentos.

5. El neurótico-obsesivo, que se complace en la repetición de ritos y en la regularidad de su vida, pero que, en contrapartida, desarrolla un complejo de culpabilidad, de inhibiciones, de escrúpulos y a veces de masoquismo.

6. El homofilico, en fin, que piensa encontrar en una comunidad de hombres y en un cuadro estético el clima afectivo adaptado a su tendencia.

Estos diferentes fallos pueden ser detectados, bien al presentarse el candidato, bien al cabo de poco tiempo, cuando la vida monástica se revela. Es necesario discernir entonces si se trata de un trastorno pasajero y leve o de una constitución permanente y profunda.

La decisión que se ha tomado de abrazar un nuevo estado de vida puede modificar la psicología. Son muchos cambios de costumbres los que se producen en la vida del aspirante. Estas modificaciones del tiempo y del espacio no pueden dejar de tener una repercusión sobre su comportamiento. Es cierto que la vida monástica es unificante, pero necesita una ruptura inicial a veces dolorosa y un desgarramiento interior.

El dinamismo humano del monje no pudiendo realizarse ni en la sexualidad, ni en el poder (excepto el Abad…), ni en el tener, puede provocar el abatimiento por el no uso, o la agresividad (forma degradada del dinamismo), o realizarse sutilmente en el saber o en la estética, bajo forma de sublimación intelectual o artística.

Tres características de la vida monástica pueden contribuir a perturbar al candidato a más o menos largo plazo:

La vida monástica es monótona. El joven moderno está habituado a la diversificación e incluso a la dispersión, con unas vacaciones al menos una vez al año. En el monasterio el horario monástico apenas varia los días de fiestas y vacaciones por lo general, no existen. Insoportable para ciertos caracteres. Dos estilos de vida en contra-posición. El movimiento exacerbado de una sociedad que solo busca el placer, el exceso de información, producción y consumo, por un lado, contra, lo estático, inamovible, transcendente y ausente de tiempo, casi acercándose a lo inmutable=que no cambia, a ejemplo de las cosas divinas.

La vida monástica es monarquía, es decir, que el monje debe someterse a la autoridad, lo cual le privará de iniciativas y de responsabilidades. El peligro de una regresión infantil o de una contestación adolescente puede acecharle en ese momento.

La vida monástica es monosexuada, pudiendo producir un desequilibrio afectivo.

A quienquiera que pregunte:” ¿Hay que recibir a todos los que se presentan, o a quién hay que recibir?”, san Basilio responde que es necesario:

1. enterarse del pasado de los que se presentan: ¿han practicado ya el bien o se han convertido de una vida de indiferencia o pecado?

2. examinar su carácter no sea que sean inestables.

3. Imponer un test de humillación, y concluye:

“Como con celo todo se corrige y que el temor de Dios viene de la mano de todas las deficiencias del alma, no solo no hay que rechazarlos, sino darles oportunidad de desenvolverse convenientemente y hacer, con el tiempo y los esfuerzos, la prueba de su buena voluntad”.

- CAPITULO CUARTO: Los caracteres de la formación monástica

1. No es “autodidacta”. Es necesario un maestro espiritual. Quién pretende prescindir de él no será nunca monje.

2. No es “teodidacta”. El que pretenda no tener mas que a Dios por maestro corre el riesgo de convertirse en juguete de sus caprichos e ilusiones.

3. No es de tipo intelectual, no tanto la comunicación de un saber, como la transmisión de una vida.

4. No es esotérica, la iniciación monástica no conlleva ninguna doctrina secreta.

5. Se adquiere por ósmosis. Depende menos de la influencia de un maestro espiritual, que de un ambiente comunitario favorable en donde ejercer el amor a los hermanos.

6. Es permanente. Toda la vida del monje es un largo aprendizaje.

7. Es siempre inacabada. Jamás un monje puede decir: “Mi formación ha terminado”.

- CAPITULO QUINTO: Monacato temporal, tardío, soñado

El monacato atrae y suscita curiosidad. Muchos de nuestros contemporáneos desearían hacer una experiencia monástica, sea antes de entrar en la vida adulta y para prepararse mejor (monacato temporal), sea por haber llegado a la edad de la jubilación profesional (monacato tardío): Otros sueñan con grupos de amigos viviendo en común un cierto estilo de vida, sobrio y seguro a la vez, al abrigo de la contaminación, de la publicidad, del ruido, al margen de la sociedad de consumo (monacato soñado).

 

Resumen de: “Ser monje”, autor: Pierre Miquel O.S.B. ediciones Monte Casino, Zamora 1992

 

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