El silencio se considera como uno de los valores monásticos más importantes de la Orden; asegura al monje la soledad en la comunidad; favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna; abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo; estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios. Por tanto, en todo tiempo, pero sobre todo durante las horas nocturnas, esmérense los hermanos en ser fieles al silencio, custodio de las palabras e incluso de los pensamientos.