Sobre la soberbia

       

      «Lo que es válido para el amor que sin él carecen de valor todas las otras virtudes y buenas obras, puede afirmarse también, en otro sentido, de la humildad. Pues tal como el amor es la vida de todas las virtudes, el núcleo substancial de toda santidad, así la humildad es la condición previa, el supuesto fundamental de la autenticidad, belleza y verdad de todas las virtudes. Ella es "mater et caput", "madre y cabeza" de toda virtud específica de seres creados; pues la soberbia como tal no es solamente el pecado primario en  nosotros, sino que envenena desde dentro todo lo que es bueno en sí, desposee a toda virtud de su valor ante Dios. 

     Dentro de nosotros tenemos que luchar con dos grandes enemigos: la soberbia y la codicia. Muy a menudo encontramos estos dos enemigos en cierto modo enlazados. Raramente llegamos a conocer hombres en los que la soberbia haya ido formándose sola. Estos dos enemigos nos hacen ciegos ante los valores. Pero debemos tener claro que la maldad original en nosotros no es la codicia, sino la soberbia. El gesto originario de Satanás es la soberbia absoluta que se alza contra Dios, la suma de todo valor, en el intento imponente de arrancarLe el señorío. Para muchos hombres, incluso para la mayoría de ellos, la codicia se halla, ciertamente en primer plano, pero no es el mal primigenio. Aun el terrible pecado de la impureza es juzgado en el Evangelio con mucha menos severidad que la soberbia. La impureza fue fustigada por Jesucristo en otra medida muy distinta que la soberbia y el orgullo. El enemigo que más cala es la soberbia. También el pecado de Adán no fue más que un acto de desobediencia dimanante de la soberbia. 

     El mero hecho de que la soberbia es la fuente originaria de toda maldad, dilucida la importancia fundamental de la humildad. Lo esencial en el proceso de dejar que se muera el hombre viejo en nosotros, es la superación de la soberbia, por liberarnos de nosotros mismos, lo cual es idéntico con la humildad. En la medida en que alguien es humilde, se hace libre para participar de Dios y se puede desarrollar en él la vida sobrenatural que ha recibido en el bautismo. "Dios se opone al soberbio, pero dispensa Su gracia al humilde". 

Por otro lado, toda virtud, todo acto bueno queda el envenenado y desposeído de su verdadero valor cuando nuestra soberbia se oculta tras él, cuando mediante él nos jactamos de alguna manera de nuestro propio valor». 

 Dietrich von Hildebrand,

Nuestra Transformación en Cristo.

Comentarios (1)
dos caras de la misma moneda
1 Jueves, 08 de Diciembre de 2011 22:42
antonio herrera
para mi el orgullo es una moneda con dos caras, una el creerme algo que no soy, pensando que bueno soy, que bien hago esto o lo otro. creyendome que yo soy el que hago las cosas y que no necesito nada ni a nadie, soy el numero uno en mi trabajo, en mi grupo o mi comunidad, que todo lo que yo digo es lo que vale o lo de los demas son minucias. La otra cara de la moneda es creerme que soy malisimo, soy el mas malo de toda la tierra, mis pecados son los mas atroces, soy un inutil que no sirvo para nada. en las dos partes se sigue repitiendo el mismo patron yo soy el numero uno, ya sea de los buenos o de los malos el caso que soy mas que nadie, en este punto estoy muy lejos de la autentica humildad porque sigo creyendome lo que no soy. Mi orgullo es el que justifica todo lo demas, por eso es el primero de todos los pecados capitales porque es el justifica que me deje arrastrar a los otros seis. En mi vida me ha justificado las estupideces mas grandes, pero tambien las obras mas malas que he hecho en mi vida, hasta tal punto de dejar de creer en Dios y luego cuando volvi a creer en El, a pensar que no tenia remedio y que Dios no me queria por mis malas acciones. Menos mal que como dice la escritura DIOS sabe moler el corazon del soberbio y en mi caso lo molio, porque con las prosperidades no me acercaba a el y me trajo las adversidades para que viese a donde me estaba llevando mi forma de vivir y que sin el nada puedo, luego me mostro la inmensidad de su amor en la parabola del hijo prodigo. Es muy cierto que solemos esconder cosas malas debajo de otras buenas, sobre todo en cosas espirituales es muy facil tapar el mal debajo de algo bueno, por eso tengo que ir con mucho cuidado y preguntarme constantemente ¿por que quiero hacer esto, o que busco diciendo esto? porque muchas veces busco una palmadita en la espalda o el aplauso, incluso buscando la aprobacion de otras personas. Ahora le tengo panico al protagonismo, intento mantenerme anonimo y pasar desapercibido, pero muchas veces cuanto mas busco pasar desapercibido mas me ve la gente y mas habla la gente de mi. Un buen amigo me suele decir que no se enciende una lampara para ponerla debajo de la mesa, pero a mi cuesta un mundo aceptar que hacer cosas buenas requiere un poco de protagonismo que no puedo evitar, o aceptar que hay servicios que uno hace que requieren ese protagonismo, siempre intento darle de lado a todas esas cosas por miedo al protagonismo pero al final tengo que aceptar la voluntad de Dios para conmigo y si me pide que haga algo es para mi crecimeiento personal y espiritual como luego son.

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