“No hay que tratar de volver a edificar lo que la gracia ha destruido”.

    Para André Louf, a estos “fariseos”, tendrán que ocurrir muchas cosas fuera de nuestra voluntad o de nuestra generosidad natural. Esta vuelta total no implica tan sólo que seamos heridos interiormente, sino también que se cuarteen nuestros cimientos. Habrá rotura y pedazos. Algo en nosotros tiene que venirse abajo. Como una construcción de hormigón en la que hubiéramos trabajado muchos años con gran cuidado, y que en un momento dado, funciona como una adarga con nuestro yo más profundo, y contra los demás, corriendo así el peligro de protegernos como la misma gracia de Dios.

   Este hundimiento no es más que un comienzo, aunque lleno ya de esperanza. No hay que tratar de volver a edificar lo que la gracia ha destruido. Hay en ello algo que tenemos que aprender, pues es grande la tentación de construir un andamio ante la fachada que se bambolea y volver al trabajo. Tenemos que aprender a permanecer junto a nuestras ruinas, a sentarnos ante los escombros, sin amargura, sin dirigirnosreproches y sin acusar tampoco a Dios. Tendremos que apoyarnos sobre estos muros en ruina, llenos de esperanza y de abandono, con la confianza de un niño que sueña con que su padre lo arreglará todo, porque sabe que todo puede reedificarse de otra manera, mucho mejor que antes. Como el hijo pródigo para quien tantas cosas se había hecho jirones: dinero, honor, corazón; que había perdido todo lo que podía esperar de las criaturas y que, sin embargo, lleno de confianza, toma la resolución de volver a casa de su padre. Por adelantado sentía instintivamente que además del criado que esperaba llegar a ser, podría también seguir siendo hijo. El que ha sido hijo una vez, lo sigue siendo siempre. En el mismo momento en que el hijo perdido se reconcilia con sus escombros, está ya en su casa, en casa junto a su padre. Por el contrario, el que lucha contra sus propios escombros, lucha contra su padre y contra su Dios; sigue estando expuesto a la cólera: no es capaz de reconocer el amor. El que abandona hasta el punto de alegrarse y de permanecer con su propia miseria, está ya rendido al amor liberador.

 

LOUF André, A merced de su gracia. –Propuestas de oración-. NARCEA, S.A. DE EDICIONES.Madrid 1991, págs. 19-24.(Monje cisterciense)

Comentarios (1)
parati
1 Viernes, 30 de Diciembre de 2011 00:17
maria eugenia
me gusto mucho lo escrito y muy bn lo q dices gracias,,,, a mi me gustaria saber sobre la destrucion del mismo ser la mente el corazon todo nuestro ser yo estando en una casa religiosa me paso muchas cosas solo veia poder ver a dios ..... estaba en otro mundo digamoslo asi resulta q me esforze mucho mentalmente .... la verdad me siento toda destruida no quiero seguir com ome siento quisiera ser como era yo antes miraba el cielo y me parecia super y sewntia muy agradable ... ahora me siento muerte interiormente y mi corazon ya no siente ahora siwento es sensaciones q me bajan por todo el cuerpo y yo QUISIERA ESTAR BN COMO YOY ERA

Agregue su comentario

Tu Nombre:
Asunto:
Comentario:
  Imagen, conteniendo la palabra secreta
Palabra Secreta:

Monasterio Escalonias

Valores del Silencio

Cistercienses Primera Parte