PAUTAS PARA UNA VIDA CRISTIANA, CRECIMIENTO Y TRANSFORMACIÓN

 

Los siguientes principios representan un esfuerzo para tratar de volver a definir, en términos contemporáneos, la travesía espiritual cristiana. Han sido diseñados para proveer un fondo conceptual para la práctica de la Oración Centrante. Deben ser leídos aplicando el método que se usa para hacer Lectio Divina.

 1 La bondad básica fundamental que distingue al ser humano, junto con el misterio de la Santísima Trinidad, la Encarnación y el concepto deGracia santificante, es un elemento esencial de la fe cristiana. Esta esencia básica de bondad puede crecer y desarrollarse de manera ilimitada, y llegar a convertirse en imagen de Cristo y divinizarse.

 2 Nuestra esencia básica de bondad, es nuestro auténtico Yo. Su centro de gravedad es Dios y el aceptar que fuimos creados básicamente buenos, es un salto enorme en la travesía espiritual. 

3 Dios y el auténtico Yo no están separados. Aunque no somos Dios, nuestro auténtico Yo y Dios son la misma cosa.

 4 El término “pecado original" es una forma de describir la condición humana, que es la experiencia universal de alcanzar la plena consciencia reflexiva sin tener la certeza de que se está en unión personal con Dios. Esto da lugar a una sensación íntima de estar incompletos, divididos, aislados y de ser culpables. 

5 El pecado original no es el resultado de haber hecho algo malo y sin embargo, es la causa de que nos invada el sentimiento de estar separados de Dios, de los demás y de nuestro auténtico Yo. Las consecuencias culturales de este alejamiento se nos inculcan en la tierna infancia y se pasan de generación en generación. Cuando no se les presta la debida atención, la necesidad urgente de escapar de la profunda inseguridad que esta situación causa, hace brotar en nosotros deseos insaciables de placer, posesiones y poder. A nivel social, es la causa de la violencia, guerra e injusticia institucional.

 6 Entre las consecuencias del pecado original se cuentan todos aquellos hábitos egoístas, que fueron entretejidos en nuestra personalidad a partir del instante de nuestra concepción, todo el daño emocional que el medio ambiente y el sistema de ecuación en nuestra infancia impregnó en nuestras emociones, todo el daño que con o sin conocimiento otros nos causaron a Mente Abierta, Corazón Abierto una edad en que éramos incapaces de defendernos y los métodos que fuimos adoptando (muchos de ellos ahora sepultados en el subconsciente) para sobrellevar el dolor de situaciones insoportables.

 7. La conglomeración de reacciones pre-racionales es el fundamento del Falso Yo, el cual se desarrolla en oposición al verdadero Yo. Su centro de gravedad es el mismo Falso Yo.

 8. Gracia es la presencia y acción de Cristo en cada momento de nuestra existencia. Los sacramentos son actos rituales en los cuales Cristo está presente en forma especial, confirmando y sosteniendo el compromiso mayor de nuestra vida cristiana.

 9 En el Bautismo nace el Auténtico Yo y muere el Falso Yo en forma ritual, poniendo a nuestra disposición la victoria sobre el pecado que Jesús ganó por medio de su muerte y resurrección. Las aguas bautismales, que se enfrentan con la muerte y dan vida, destruyen, no nuestra individualidad como personas, pero sí nuestra sensación de estar separados de Dios y de los demás.

 10. En la Eucaristía se celebra la vida: es la reunión de todos los elementos materiales del cosmos, su aparición a nivel consciente de cada ser humano y la transformación de la consciencia humana en consciencia Divina. Es la manifestación de lo Divino en medio y a través de la comunidad cristiana. Cuando recibimos la Eucaristía nos convertimos en Eucaristía.

 11 Además de estar presente en los sacramentos, Cristo también está Presente  de manera especial en cada crisis y evento importante de nuestras vidas.

 12. El pecado personal es negarse a responder al comunicado de Cristo,que es la gracia. Es descuidar en forma deliberada nuestras propias y legítimas necesidades y las de los demás. Es lo que refuerza el Falso Yo.

 13. La esencia de bondad básica de nuestro ser es también dinámica y tiende a crecer por sí misma. Hay cosas que impiden este crecimiento, tales como las ilusiones y traumas emocionales del Falso Yo, las influenciasnegativas que provienen de nuestro acondicionamiento cultural y el pecado personal.

 14. Lo que nos ayuda a distinguir entre cómo operan el auténtico y elfalso Yo en determinadas circunstancias, son: escuchar la palabra de Dios en las Sagradas Escrituras y en la liturgia, sumergirse en Dios en laoración y responder a sus inspiraciones.

 15. Dios no es un Ser remoto, inaccesible e implacable que exige de Sus creaturas perfección instantánea y de cuyo amor tenemos que tratar de hacernos dignos. No es un tirano a quien debe obedecérsele por terror, ni un policía que a toda hora nos vigila, ni un juez malvado buscando la oportunidad para dictar el veredicto de culpable. Nuestra relación con Dios debe reflejar cada vez menos el concepto de premio y castigo y cada vez más el de recibir algo gratuito y aún mejor, el de dejar que actúe el amor divino.

 16. El amor divino es compasivo, tierno, luminoso, que se entrega sin reservas, que no busca recompensa y lo unifica todo.

 17. Al experimentar el amor de Dios somos capaces de aceptar nuestro Falso Yo tal como es, para luego dejarlo ir y emprender el camino hacia nuestro auténtico Yo. Esa travesía hacia nuestro auténtico Yo es el camino que conduce al amor divino.

 18. La certeza cada vez más clara, de la existencia de nuestro auténtico Yo, que viene acompañada de gran paz espiritual y alegría, sirve para contrarrestar el dolor psíquico que trae consigo la desintegración y muerte del Falso Yo. Al ir disminuyendo las fuerzas motivadoras del Falso Yo, nuestro auténtico Yo crea un “nuevo Yo” que tiene como fuerza motivadora el amor divino.

 19. La edificación de nuestro "nuevo Yo" estará irremediablemente marcado por un sinnúmero de errores y algunas veces por actos pecaminosos. No importa cuán serias sean esas fallas, son insignificantes comparadas con la inviolable bondad del Yo verdadero. Debemos pedir perdón a Dios y a aquéllos a quienes hayamos ofendido y luego actuar con renovada confianza y energía, como si nada hubiese sucedido.

 20. Todo sentimiento de culpa prolongado, penetrante o paralizante, es producto del Falso Yo. Cuando el sentimiento de culpa lo origina un pecado personal o la injusticia social, no trae descorazonamiento sino propósito de enmienda; es un llamado a la conversión.

 21. Una manifestación de progreso en la travesía espiritual es la aceptación incondicional de los demás, comenzando por aquéllos con los cuales vivimos. 

22. Una comunidad de fe es un apoyo porque ofrece buen ejemplo, corrección y mutuo sostén en la travesía espiritual. Pero lo que más ata los lazos de la comunidad en la búsqueda comunitaria de transformarse y llegar a unirse a Dios, es la participación en el misterio de Cristo cuando se celebra la Liturgia, se leen las Escrituras y se ora en silencio. La presencia de Cristo es mutuamente compartida por todos y se convierte en algo tangible en la comunidad, especialmente cuando se reúne para una celebración religiosa o un trabajo o servicio para gente necesitada. 

23. Cuando hay moderación en los deseos instintivos, que son parte del desarrollo del organismo humano y que buscan supervivencia y seguridad, afecto y estima, control y poder, las verdaderas necesidades humanas se podrán enfocar mejor. Sobresale entre éstas, la intimidad con una o más personas. Al hablar de intimidad me refiero a cuando se comparten ideas, sensaciones, problemas y aspiraciones espirituales que gradualmente hacen que se desarrolle una amistad espiritual.

 24. La amistad espiritual que incluya el abrirse sinceramente y sin ocultar nada, es un ingrediente esencial, no sólo en el matrimonio sino también en el celibato. El experimentar intimidad con una o varias personas expande y profundiza nuestra capacidad para relacionarnos con Dios y con los demás. La energía sexual, bajo la influencia del amor Divino, se transforma gradualmente en compasión universal.

 25. La irradiación espiritual de una comunidad depende del compromiso de sus miembros hacia el camino de transformación y entre ellos mismos. Parte integral de este compromiso es darse unos a otros el espacio que necesitan para su crecimiento personal.

 26. La oración contemplativa, en el sentido tradicional de la palabra, es la dinámica que inicia, acompaña y lleva el proceso de transformación hasta su fin.

 27. Reflexionar sobre la Palabra de Dios en las Escrituras y en nuestra vida personal, es el fundamento de la oración contemplativa. El dejar ir los pensamientos y ciertos sentimientos en forma espontánea durante la oración, es una señal de progreso. La Oración Centrante se caracteriza, no tanto por la ausencia de pensamientos y sentimientos, como por el desapego de los mismos.

 28. La meta de una práctica genuinamente espiritual no es el rechazo de lo que es bueno en el cuerpo, la mente y el espíritu, sino el uso correcto de éstos. Ningún aspecto de la naturaleza humana o de un período en su existencia, debe rechazarse, sino más bien integrarlo en los sucesivos niveles en que se va desplegando el nivel consciente; de esta manera se preservan la bondad parcial de cada período del desarrollo humano y sólo sus limitaciones se dejan atrás. Vemos entonces que la única forma de llegar a ser divinos es siendo primero enteramente humanos.

 29. La práctica de una disciplina espiritual es esencial al comenzar la travesía espiritual, puesto que nos ayuda a desarrollar los fundamentos de la dimensión contemplativa en la vida: Dedicación y devoción a Dios y servicio a los demás.

 30. Estar en silencio y a solas durante períodos regulares, ayuda a aquietar la psique, promueve el silencio interior e inicia la dinámica del autoconocimiento.

 31. Estar a solas no involucra simplemente un lugar solitario, sino una actitud, un compromiso total con Dios. Cuando se pertenece a Dios por completo, continuamente aumenta el deseo de compartir la vida y los dones recibidos.

 32. La Bienaventuranza que menciona a los pobres de espíritu surge del reconocimiento cada vez más claro del auténtico Yo. Es una combinación de dos actitudes, la una de total desprendimiento hacia todo, la otra de unión con todo al mismo tiempo. La libertad interior de aceptar el poseer mucho o poseer poco y la simplificación del propio estilo de vida, son indicativos de pobreza de espíritu.

 33. La castidad se diferencía del celibato, que es el compromiso de abstenerse de la expresión genital de nuestra sexualidad. Castidad es la aceptación de nuestra energía sexual, conjuntamente con las cualidades masculinas y femeninas que la acompañan y la integración de esta energía en nuestra espiritualidad. Es la práctica de moderación y autocontrol en el uso de nuestra energía sexual.

 34. La castidad embellece y acrecienta la capacidad para amar. Percibe lo sagrado en todo lo existente. Como consecuencia, uno respeta la dignidad de las demás personas y por lo tanto, reconoce que no las puede usar para disfrute propio.

 35. Obediencia es la aceptación incondicional de Dios tal como es y cómo se manifiesta en nuestras vidas, puesto que la voluntad de Dios no es de inmediato evidente. La docilidad nos predispone a seguir todas las indicaciones de Su voluntad. El discernimiento pasa por un tamiz, la evidencia y luego decide, iluminado por la atracción interior de la gracia, cuál es la voluntad de Dios para nosotros en el momento presente.

 36. Humildad es una actitud de sinceridad para con Dios, con uno mismo y con todo lo que nos rodea. Nos capacita para no alterarnos ante nuestra total impotencia y para poder encontrar paz y descanso en el olvido de sí mismo.

 37. Esperanza es algo que nace de experimentar continuamente la compasión y ayuda divinas y paciencia es la esperanza en acción. Se espera la ayuda redentora de Dios, sin darse por vencido, resignarse o alejarse.

 38. La desintegración y muerte de nuestro Falso Yo es nuestra participación en la pasión y muerte de Jesús. La creación de nuestro nuevo Yo, basado en el poder transformador del amor divino, es nuestra en Su resurrección.

 39. Al comienzo, los traumas emocionales son el obstáculo principal para el crecimiento de nuestro nuevo Yo, porque someten nuestra libertad a una camisa de fuerza. Más adelante el mayor obstáculo será el orgullo espiritual debido a la satisfacción sutil que emana del poderse controlar. Y por último, el principal obstáculo viene a ser la autorreflexión, puesto que impide la inocencia de la unión divina.

 40. El esfuerzo humano depende enteramente de la gracia. Sea cual fuese el grado de unión divina que alcancemos, éste no guarda proporción con nuestro esfuerzo. Es un don puro  de amor divino.

 41. Jesús no enseñó un método específico de meditación o disciplina corporal para aquietar la imaginación, la memoria o emociones. Debemos elegir una práctica espiritual que se adapte a nuestro temperamento y disposición de ánimo en particular. Así mismo debemos estar dispuestos a dejarlo de lado cuando el Espíritu nos llame para que nos sometamos a que nos guíe directamente. El espíritu está por encima de todo método o práctica. Seguir su inspiración es el camino seguro a la libertad perfecta. 

42. Lo que Jesús propuso a sus discípulos como el Camino a seguir, fue su propio ejemplo: olvidarse de todo y de todos y servir a los demás en sus necesidades, como lo dijo en su última enseñanza: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado."

Fr. Thomas Keating, O.C.S.O.

 

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