La libertad, apertura trascendental al ser

    

             Con la apertura trascendental de la conciencia viene a conjugarse la otra apertura trascendental del ser personal, la de la libertad. En relación con el sujeto la libertad es ante todo fuente de su obrar: en la distancia que percibe el yo respecto a todo lo que es objeto por sí mismo, la libertad es la espontanei­dad original, por la que el sujeto se autodetermina en relación con el otro y por eso mismo se define y se señala un destino. La libertad es la capacidad que tiene el ser personal de disponer de sí mismo, situándose como comienzo de su obrar y consiguien­temente de la definición histórica de su identidad radical. Esta espontaneidad original, que al mismo tiempo distancia al yo de lo que es distinto de él y lo hace capaz de determinarse en esta relación, es propiamente la libertad trascendental, la posi­bilidad fontal, de suyo infinita, de querer una u otra cosa de cara al fin de la realización completa de sí mismo. En este carácter de apertura infinita la libertad trascendental corresponde en el plano del querer a lo que la infinita autotrascendencia de la con­ciencia es en el plano del conocer.

        El ejercicio concreto de la libertad consiste precisamente en la determinación histórica de esta apertura trascendental de la fontalidad original: el sujeto se autodetermina en la libertad respecto a sí mismo y respecto al mundo mediante un doble movimiento, de éxodo de sí mismo y de retorno a sí. El movi­miento de éxodo de la libertad consiste en la elección del obje­to hacia el que orientar el dinamismo de la voluntad y su reali­zación en el tiempo: en este sentido, la libertad como salida de sí mismo hacia el otro se actúa en diversos niveles, cuya inter­sección constituye la historia concreta de la libertad. Cuando el sujeto se autodestina a una meta última, capaz de unificar todas las posibles metas penúltimas y parciales, el acto de la libertad se sitúa como opción fundamental o como intención radical: se trata de la opción global, que da orientación y valor a todas las sucesivas opciones sectoriales. El sentido de la vida de una per­sona, el horizonte sobre el que ella mide su camino, es la pers­pectiva englobante que recoge en unidad los aspectos múltiples o fragmentarios de la existencia y los reconduce a la construc­ción del yo como sujeto libre y lo más adecuado posible respec­to a su propia espontaneidad original.

         Mediante la opción fun­damental el yo sale de sí mismo para reconocerse en una «morada» más amplia, que es su custodia y su propia patria, en la que se sitúan y donde habitan los pasos sucesivos de la liber­tad. Estos pasos -que consisten en las opciones que hace en cada ocasión el sujeto en situaciones concretas- constituyen la libertad concreta o situada: determinan el devenir histórico del sujeto libre en relación con el horizonte último, que le ha ofrecido la opción fundamental, tanto si ésta es explícita o tematizada como si es irrefleja e implícita. Mediante la libertad situa­da el yo sale de sí para ir hacia lo que es «penúltimo», pero lo hace siempre en relación de correspondencia o de desarmonía con lo que es «último» respecto a la inclinación radical de su ser y de su voluntad. Entre estos dos niveles de la libertad -la opción fundamental y la libertad situada- se sitúa el estilo de vida de la persona, que es el conjunto de relaciones que el suje­to libre establece habitualmente, en relación con la intención última de su autodestino y con la mayor o menor constancia con que la expresa en las opciones concretas que se han tomado en las diversas situaciones vitales.

 B. Forte, La eternidad en el tiempo 

Comentarios (1)
nos jugamos lo más importante en cada acto pequeño.
1 Miércoles, 05 de Mayo de 2010 08:08
granfamily
A la luz de este artículo se descubre a María como la mujer cuya opción fundamental , y los pasos sucesivos (libertades situadas) que a lo largo de su vida fue dando, fue SOLO DIOS...y tratar de agradarle.Cuando una persona se unifica de la manera que lo hizo ella, su vida se hace realmente hermosa...

Tb fue así en Jesús...su grandeza reside en la tremenda coherencia entre su intención última, su opción fundamental , (sembrar el Reino de su Padre Dios convirtiendo al mundo y a la humanidad en Amor encarnado) y la constancia con la que lo expresó en sus opciones concretas...Probablemente en esta coherencia resida la santidad...si EL AMOR se convierte en opción fundamental y única, y somos capaces de que determine cada uno de ntros.actos...seremos HIJOS DE DIOS, plenamente felices, santos.

Sí, esta capacidad de coherencia sea probablemente la que produce en ntros.tanta admiración-atracción cdo.miramos a la vida de los santos...es el "solo Dios" del Hno.Rafael, o el "solo Dios basta" de Teresa de Jesús, o la asombrosa radicalidad de Teresa de Jesús, o J.Pablo II.

¡Si fuéramos capaces de dejarnos enamorar y seducir cada mañana por la Palabra del Padre Dios, su Hijo Jesucristo que nos propone la auténtica opción fundamental que nos hace auténticamente felices y libres: EL AMOR!...Y fuéramos capaces de traducirla en cada momento concreto de ntra.vida...¡cuanta belleza, Dios mío tendría ntro.mundo!, cuánto dolor nos ahorraríamos...cuánta felicidad colmaría y saciaría a cada ser humano. Una se explica la aparente locura de Dios en su intento de que TODOS sus hijos lleguen a ello.

Gracias por ayudarnos a crecer

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