No sé si habrá sido el hecho de haber pasado parte de tu infancia en esa población donde convivían culturas y religiones, sin lugar a duda fecunda en tolerancia, o sencillamente tu natural respeto hacia los demás, y hacia lo que merece la pena ser conservado, cuidado y divulgado, junto a ese sano “escepticismo liberador” de hacerse preguntas a uno mismo, y no tener miedo a ofrecer respuestas, y de este modo abrir los poros de la sensibilidad de aquellos que disfrutamos de tus palabras…
Teresa, muchas gracias por hacernos participes de estas reflexiones tan ricas y tan llenas de vida.