Breve historia de la comunidad.
La iniciativa de una fundación monástica en el siglo XVII responde, generalmente, a fines de orden devocional y social: el aumento del culto divino y la salvación del alma se unen al afán de prestigio social, y en los conventos femeninos, al deseo de seguridad material y moral
para las mujeres de la familia.
La fundación del monasterio del Císter obedece a esas motivaciones de su tiempo y a la personalidad de su fundador: Don Luis Fernández de Córdoba. Hijo del señor de Gualdalcázar, sacerdote como sus hermanos Fadrique y Andrés.
En febrero de 1583 toma posesión como deán de la catedral de Córdoba.
El Císter no fue su primer contacto con los movimientos de reforma. Junto con su hermano Fadrique consiguieron del Obispo y del municipio las licencias necesarias para la fundación del convento Carmelita de Nuestra Señora de la Caridad en su villa de Gualdacazar.
CIMG2015.JPGComo deán del cabildo cordobés la Santa Sede encomienda a don Luis varios asuntos delicados, de las que suponeos salio airoso, tanto que en 1597 el nuncio le confía la misión de visitar Santa María de las Huelgas, su Hospital Real y sus monasterios filiales. La experiencia le proporcionó un cercano de la orden cisterciense, suscitándole el propósito de fundar en su villa natal de Gualdalcazar un monasterio de monjas bernardas. A este fin el deán conservó celosamente los documentos de su visita.El 1 de Diciembre de 1620 el licenciado Antonio Baena, en nombre don Luis Fernández de Córdoba, pide licencia al obispo de Córdoba, fray Diego Mardones, para fundar un convento de monjas en la villa de Gualdalcázar.
En el año 1621, Don Francisco de Córdoba, Duque de Cesa, solicitó a su pariente don Luis Fernández de Córdoba, Obispo de Málaga cinco Monjas para fundar un Monasterio de Monjas Cistercienses Descalzas en Guadalcázar a cuatro leguas de Córdoba.
Don Luis Fernández de Córdoba elegido Arzobispo de Sevilla, muere antes de la fundación, que por ello y otras circunstancias se demora.
La fundación se lleva a cabo siendo Obispo de Córdoba don Francisco de Alarcón, con la colaboración del Ministro General del Orden Descalzo de la Santísima trinidad Fray Pedro de la Ascensión, quien fue a Málaga y se entrevistó con don Francisco de Céspedes, visitador.
Nuestras Fundadoras fueron : Madre Sor María de la Santísima Trinidad de 45 años( Abadesa), 30 de religión en compañía de Josefa de San Idelfonso, Antonia de San Bernardo, Elvira de San José y sor Agustina de San Buenaventura ( freila ).
CIMG2028.JPGSalieron de Málaga el 17 de Septiembre de 1650; y ya en Córdoba se hospedaron en el convento de Santa Marta, durante un mes, mientras concluían la obra de Guadalcázar; donde pasaron el 17 de Octubre de 1650.
A la incipiente se incorporaron muy pronto varias mujeres.
Cuadro de texto: El claustroPor motivos económicos y de salubridad la comunidad de Císter tuvo que gestionar su traslado a la ciudad de Córdoba, con apenas tres años de estancia en Gualdacazar.
A lo largo de sus casi 4 siglos, han morado en ellas mujeres que con gran tesón, a pesar de las limitaciones propias han ido y vamos buscado a Dios, tal como quiere el Patriarca Benito para los que emprenden este “ fortísimo género de los cenobitas “.(RB 1,13)
Actualmente somos una comunidad de 12 miembros, que intentamos seguir las huellas de las hermanas que nos precedieron, tras los pasos de Cristo Buen Pastor, Hijo del Padre Eterno en unidad del Espíritu Santo, arropadas por la intercesión y ejemplo de la mujer creyente María de Nazareth.
Jornada monástica.
En este momento de mi vida, cuando tengo 45 años, soy doctora en Hª Medieval, profesora desde hace 20 años, estoy soltera, y tengo mi vida, o al menos lo pensaba, plena y organizada, me encuentro en una difñicil encricijada. Me gustaría pasar una temporada de retiro espiritual, y si fuera posible formar parte en la medida en la que me estuviera permitido de su vida de comunidad, orando, trabajando, meditando, repetando siempre su regla, porque mi fe me dice que con la ayuda de Dios conseguiré poner orden en mi vida espiritual.
Teniendo la esperanza de no haberlas importunado y esperando su respuesta, les saluda atentamente
Luisa Sánchez Aragonés