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ECCLESIA DIGITAL:
¿Los veis? Van camino de Belén, el pueblo de David, su antecesor, a cumplir la orden imperial de censarse. Les ha cogido en el peor momento; María en estado muy avanzado de su gestación. En un modesto jumento, con el hatillo de las ropas preparadas con tanto amor para cuando llegue ese hijo surgido del misterio.
"Con razón tiene tan pocos amigos, Señor, por cómo los tratas", le dijo la Madre Teresa de Jesús a Cristo, al tener una experiencia negativa cuando ella esperaba algo muy grato.
Con frecuencia vemos en las vidas de los santos estos casos de "maltrato" por parte de Dios. Y es que Él prueba la fidelidad y el desasimiento sirviéndose de los acontecimientos, a veces muy desagradables. Como en este caso. María y José seguro que habrían preparado las cosas para recibir al esperado niño con los modestos pero suficientes medios que su condición les permitía. Y, de pronto, la orden que les trastoca todo y les obliga a renunciar a su sencillo y querido hogar y lugar para lanzarse por aquellos caminos inseguros y difíciles. Y, sin embargo, ahí van, sin una protesta.
Yo los contemplo asombrado en su apacible caminar, tan parecido a un peregrinaje, esta vez sin motivos religiosos. Aceptan la voluntad de Dios y obedecen con la prontitud que caracteriza todo su obrar. De ese modo el Mesías esperado nacerá donde predijeron los profetas, en la ciudad de David. Misterioso 'destino' que nos muestra cómo mueve Dios los hilos de la historia.
Esta contemplación de José y María hacia Belén me inspiró unos versos que deseo compartir con vosotros, mis amigos y compañeros de silencioso peregrinar, porque sólo en el silencio podemos calibrar la disponibilidad de los dos para hacer lo que el Señor desea. Con esta visión os deseo una Navidad llena de paz y gozo por el nacimiento del que, también él, emprendió el peregrinaje hacia la doliente condición humana:
COLOQUIO CON JOSÉ Y MARÍA CAMINO DE BELÉN
"Escuchadme vosotros, caminantes/ de Nazaret a la Belén davídica,/ llevados por sorpresa de vuestro hogar humilde/ y lanzados a incómodos senderos por voluntad de quien os ha escogido:/ ¿Cómo debo esperar al que os conduce,/cuando advierto que él está viniendo a nacer cada día/ en esta pobre cueva de mi alma?.
Dímelo, Virgen grávida, /la de los dulces ojos anegados de Dios,/ joven doncella encinta del Misterio/ que llena tu existencia,/ Virgen del "sí",/ ternura recogida repleta del Espíritu,/ que ha encarnado en tu ser al Verbo único.
O tú, varón callado,/ primer contemplativo/ de la Presencia que se abate oscura/ y precisa fe ciega,/ total disposición para entregarse/ a planes que superan nuestros límites,/ haciéndonos entrar/ en la espesura del vivir incierto,/ fiados sólo/ del mensaje escuchado entre los sueños.
¿Cómo saber dejar todo asidero/ para estar disponible,/ como vosotros, a la Voz que os llama?.
Enseñadme el silencio/ capaz de recibir atentamente/ la Palabra que, antes de los tiempos,/ se está diciendo desde el infinito,/ y se ha aproximado/ para hacerse inmediata a cada hombre,/ cercana, perceptible, / carne de nuestra carne desgarrada.
Haced en mí el vacío/ de todo apego y atadura humana,/ para marchar en pos de vuestra huella,/ y pueda, cuando Él llegue,/ hallar plena acogida a su presencia."
Peregrino del silencio