“ Es esencial que los sacerdotes aprendan a silenciar sus rutinarias declaraciones de verdades acerca de las cuales no se han tomado la molestia de pensar. Si decimos tan sólo lo que pensamos, hablaremos muy poco. Sin embargo, hay que predicar también a Dios. Exactamente. Predicar la palabra de Dios implica silencio. Si la prédica no nace del silencio, es tiempo perdido”. (T.Merton, El signo de Jonás)
jueves 21 de junio de 2007
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2 comentarios:
aquí Merton tiene razón al decir que a menudo los sacerdotes hablan mucho y su conversación o predicación es pura palabrería, que no nace del corazón ni de la experiencia. De ahí lo importante de experimentar a Dios para hablar solo de lo que sabemos.
Lo más difícil es dar un mensaje que tengo su fuente en lo más auténtico de nosotros, en lo verdadero, y para eso es necesario que "todas nuestras fuentes estén en él". La prédica ha de surgir de una vida en comunión con Cristo.
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